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En Puebla se encuentran muestras de tres mil años de esplendor mexicano. Dentro de su riqueza arqueológica sobresale la pirámide de Cholula, que está ubicada a siete kilómetros de la ciudad de Puebla y es el monumento prehispánico más grande construído en México.
Dualidad
El sentido de dualidad que dan la vida y la muerte en este mundo y la seguridad de que la vida continúa en el más allá, están fuertemente arraigados en la mente y en el corazón de los poblanos. La celebración de difuntos es sólo una oportunidad más para reconocer al Creador y revivir el recuerdos de los antepasados.
El ofrecimiento es, en esencia, una profunda expresión de amor. Esta expresión tan importante en el mexicano, se siente con mucha fuerza en comunidades como San Gabriel Chilac por estar alejadas de la influencia de las grandes ciudades, donde el modernismo tiende a alterar las tradiciones.
Se ora por los difuntos, se los recibe con todos los honores, construyendo altares con ofrendas especiales en las casas, para luego trasladar lo ofrendado al cementerio en un segundo acto de homenaje y convivencia con ellos. Es una entrega y compenetración espiritual y física, única en su manera de expresarse.
Ésta es sólo una pequeña introducción de la celebración en el estado de Puebla. Para mayor información, vea el libro de Mary J. Andrade, A Través de los Ojos del Alma.
Tlaxcala
Simbolismo de los altares
Tlaxcala es el estado más pequeño de la República Mexicana. Su capital está localizada a 120 km. de la Ciudad de México y a 38 km. de la ciudad de Puebla. La historia del estado está plasmada brillantemente en más de 450 metros de muros en el Palacio de Gobierno que el pintor Desiderio Hernández Xochitiotzin ha ocupado para narrar las diferentes etapas de su desarrollo político, económico y social.
A la llegada de Hernán Cortés a las costas de México en 1519, la antigua República de Tlaxcallán se dividía en los señoríos mayores de Tepeticpac, Ocotelulco, Quiahuixtlán y Tizatlán. Después de enfrentarse a los cuatro ejércitos confederados, encabezado por Xicohténcatl el Joven, el 23 de septiembre de 1519 Cortés pactó una alianza militar, que lo ayudó a tomar Tenochtitlán dos años más tarde.
Rituales que han desaparecido
Muchas costumbres bellas de esta celebración han ido desapareciendo gradualmente. En Ixtenco, por ejemplo, ya no existe la procesión del Santo Entierro con la imagen de Jesús crucificado descansando en un ataud de cristal, que comenzaba la Fiesta de los Muertos. Cada año una cofradía se encargaba del arreglo y organización de la procesión. El Santo Entierro era llevado de la iglesia del pueblo a la capilla del panteón, donde se lo depositaba en el altar. Todos los habitantes del pueblo participaban con gran respeto, pero eran las mujeres las que culminaban el acto. El Santo Entierro era depositado en el altar y ellas formaban dos filas en el pasillo de la capilla, cada una llevando un jarro nuevo con flores y ceras.
Desafortunadamente el techo de la capilla se derrumbó y con él, la costumbre del Santo Entierro, del cual sólo queda una pintura bellísima del pintor Desiderio Hernández Xochitiotzin. Esta pintura representa a mujeres contemplando la imagen de Jesús en el altar mayor. Ellas están de espaldas y de rodillas, cubiertas con rebozos, teniendo a sus lados jarros con velas grandes.
En el panteón de Ixtenco los otomíes solían colocar cruces naturales perfectamente formadas en el tronco del árbol de ocote que abunda en los bosques de la región. La persona que encontraba un árbol en forma de cruz, lo cortaba y lo llevaba a su casa donde permanecía hasta el día de su fallecimiento, cuando se lo colocaba en su tumba.
En Totolac, era costumbre cubrir las tumbas con arena blanca, traída del cerro Tepitzintla, y decorarlas con frutas de capulincillo cuyos colores, cambian de verde a morado y azul a medida que madura. Pero, como en el caso del techo en la capilla de Ixtenco, el colapso de la mina de arena de Tepitzintla terminó con la costumbre de cubrir las tumbas con arena blanca.
Ésta es sólo una pequeña introducción de la celebración en el estado de Tlaxcala. Para mayor información, vea el libro de Mary J. Andrade, A Través de los Ojos del Alma.
Si está interesado en adquirir uno de los libros llame al (408) 436-7850 ext. o envíe un correo electrónico usando el formulario de contacto.
San Luis Potosí
El estado de San Luis Potosí está ubicado en el centro del territorio mexicano en una situación geográfica privilegiada. Su capital, la ciudad de San Luis Potosí, fue fundada el 3 de noviembre de 1592 y está situada en el Valle de San Luis, a una altura de 1,887 metros sobre el nivel del mar.
El estado está dividido en cuatro grandes zonas: Centro, Huasteca, Media y Altiplano. Tamazunchale, en la Huasteca potosina, está a ocho horas de distancia por carretera; para llegar a ella se pasa por Ciudad Valles, considerada como “la capital de la Huasteca” o el corazón de la región.
La lluvia abundante, el excelente suelo y la vegetación exuberante favorecen paisajes maravillosos de verdes intensos, lagunas, manantiales y nacimientos de ríos, lo que hace de la Huasteca potosina una de las regiones más hermosas de México.
Filosofía sobre la Muerte
De acuerdo a la Arquitecta Concha Nava, una mujer apasionada del patrimonio cultural de San Luis Potosí y de México: “para las etnias huastecas, celebrar a los muertos es festejar a la vida, porque de acuerdo a sus convicciones, la preocupación por la vida es indiscutiblemente la mejor manera de explicar porqué la existencia del culto a los muertos. La creencia en la perduración de una persona en otro espacio asegura la posibilidad personal de no desaparecer, sino pasar al más allá, a otro plano, en transformación espiritual. Si los demás que fallecieron perduran en el recuerdo de los seres vivos, en sus propias ofrendas y oraciones, cada uno de los vivos de ahora, sobreentiende que asegura su propio perdurar en el afecto y el recuerdo, pues inculcando la tradición es asegurar que en un futuro sus descendientes lo estén recordando”.
Los Arcos y su simbolismo
El origen de los altares de muertos se dio a la par con la celebración de los cortejos funerarios. Esta manifestación de Xantolo es sagrada, por ello los arcos tienen significado de mucho cariño y mucho afecto en las comunidades. Los hacen en las casas para venerar a los muertos y esperar a los que llegan. Es la creencia de la gente de esta región, que en toda persona que llega de visita está el alma de alguien que ya falleció. Cuando el visitante acude a un hogar se le trata de la mejor manera posible.
En los pueblos de la Huasteca Potosina es costumbre hacer un arco en el interior de la casa y otro afuera. El que hacen en el exterior de la morada es pequeño y tiene como objetivo honrar aquellas almas que ya no tienen quién las espere. Está dedicado a los que murieron ahogados, a los que murieron violentamente, a los que no saben dónde quedaron sus restos y necesitan de un arco porque no saben a dónde ir. Se adorna con flores de cempasúchitl y se incluye también otra flor que se llama olotillo.
Ésta es sólo una pequeña introducción de la celebración en el estado de San Luis Potosí. Para mayor información, vea el libro de Mary J. Andrade, A Través de los Ojos del Alma.
Hidalgo
Con su legado indígena y la influencia de la cultura española, Hidalgo presenta una serie de facetas que van desde su cultura milenaria hasta un acervo histórico, que es herencia de un pueblo alegre y hospitalario. Las bellezas naturales sirven de marco a conventos y monasterios, a figuras de Atlantes gigantes y a haciendas mineras y pulqueras donde el esfuerzo de sus trabajadores todavía se siente flotar entre sus muros.
Hidalgo está dividido en cinco regiones geográficas: el Valle del Mezquital, la Huasteca, la Sierra, el Altiplano y la región de la Montaña. Cada una de las regiones merece una visita especial para poder observar las características particulares que las diferencia tanto en su cultura, clima, orografía, flora y fauna. Pachuca, la capital del estado, fundada en 1598, está sólo a 95 kilómetros al norte de la Ciudad de México, con una comunicación excelente a Través de una super carretera, la que ubica al visitante en una hora en la “Bella Airosa”, como se conoce también a Pachuca. Tomando como punto de partida esta ciudad es fácil movilizarse hacia sus montañas, valles, llanos, desiertos y selvas tropicales.
El ciclo agrícola y Xantolo
La celebración del Mijkailjuitl, Xantolo o Fiesta de Muertos es todo un ritual que está íntimamente ligado al final del cíclo agrícola, un ciclo que es vida de acuerdo a la cosmogonía indígena. El profesor Ildefonso Maya señala que los pobladores de la Huasteca, “en enero limpian los campos para sembrar, una actividad que abarca cinco meses desde la siembra hasta mayo, que se cosecha el maíz, base de la alimentación de las comunidades de la región. Nuevamente en mayo los indígenas limpian los campos y queman los montes, para sembrar en junio y cosechar en octubre, lo que da diez meses entre los dos ciclos agrícolas antes de Xantolo. Ellos saben que quedan dos meses, uno de reconciliación que es el mes de noviembre al que le sigue diciembre, un mes de origen y descanso de las acciones del año.”
Ésta es sólo una pequeña introducción de la celebración en el estado de Hidalgo. Para mayor información, vea el libro de Mary J. Andrade A Través de los Ojos del Alma.
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